Cincuenta años después.
La Hacienda Los Olivos se había convertido en un lugar casi mítico.
Los olivares, ahora centenarios y majestuosos, seguían produciendo el mejor aceite de Andalucía. La escuela fundada por Magdalena era ahora un centro educativo reconocido en toda España. Las cooperativas de mujeres exportaban a medio mundo. Y en el centro de todo, el viejo olivo milenario seguía en pie, más fuerte y sabio que nunca.
Magdalena había partido hacía veinte años.
Pero su presencia seguía viva