Cien años después.
La Hacienda Los Olivos ya era un monumento nacional.
Los olivares seguían siendo un mar plateado que se perdía en el horizonte, cuidados por generaciones que nunca olvidaron su origen. La escuela se había convertido en universidad popular. Las cooperativas de mujeres eran un modelo en Europa. Y el viejo olivo milenario, ahora declarado Árbol Histórico, tenía una pequeña ermita a su lado donde la gente dejaba flores y cartas.
Una joven historiadora de veinticuatro años, tatara