Luna Navarro estaba de pie en medio del olivar principal cuando lo sintió por primera vez.
Un silencio extraño. Demasiado profundo.
El viento, que siempre había sido su compañero constante entre los árboles, había desaparecido por completo. Las hojas del olivo joven estaban inmóviles. Ni un solo pájaro cantaba. Era como si la hacienda entera estuviera conteniendo la respiración.
Habían pasado tres años desde que derrotó definitivamente a Gonzalo Montalbán Ruiz en los tribunales. La Fundación er