—Elena, ya te lo he dicho antes —le recriminó Mateo—. No puedes usar el embarazo como excusa para continuar con ese comportamiento absurdo. ¡Discúlpate con Paloma ahora mismo o nos vamos a divorciar!
Su amenaza me provocó una risa amarga mientras sacaba de mi bolso los papeles del divorcio, que ya tenía preparados, y los arrojaba con nostalgia sobre la mesa. —Perfecto, vamos ahora mismo.
Al ver los documentos, la expresión de Mateo cambió de forma drástica. Me miró con semblante sombrío: —Elena,