64. Todavía no
Milly
Intento que no se note mi miedo cuando me tiran como un saco de papa en frente de unos zapatos lustrosos, me quedé allí apoyada en mis rodillas y manos hasta que me enderece para verlo a los ojos.
Este es mi captor.
Ahora soy una esclava.
No pude escapar.
«Lo siento» le dije a Medea en mi mente, pero no pude escucharla en mi mente.
Algo se quebró en mí y entré en pánico.
¿Qué haré sin Medea?
¿Qué haré si me abandona?
—Bueno, que bella adquisición me dieron en esa manada —dijo el hombre mie