LOIS
Íbamos en el tren.
Pasaban tantas cosas por mi cabeza, que intentaba organizarlas por orden de importancia. Al parecer no sería un viaje largo, porque no tomamos billetes que incluyeran habitaciones y esos lujos, sino que estábamos en lo último del tren, aquel vagón olvidado donde solo se atrevían a entrar los que no tenían otra salida.
Emmanuel llevaba una capucha puesta, casi cubriendo todo su rostro, sujetaba mi mano en cada paso que dábamos, buscando nuestros asientos, porque entramos