Lois estaba sentada a la mesa, un plato de frutas y pan frente a ella, pero su apetito era un eco lejano.
—Estás callada hoy, Lois —dijo Morgana, su voz suave pero afilada, mientras cortaba una manzana con precisión quirúrgica—. ¿Algo te preocupa?
Lois alzó la mirada, sus ojos más claros brillando con una determinación nueva.
—No, solo... pienso en todo lo que ha pasado. —Hizo una pausa, sus dedos apretando el borde de la mesa—. Estoy lista para lo que viene.
Morgana arqueó una ceja, dejando el