Capitulo 11: Un agradable día.
Elizabeth esperaba impacientemente a que Santiago bajara del edificio.
Su reloj marcaba varios minutos desde que ella descendió al estacionamiento y la impaciencia comenzaba a consumirla. Finalmente, él apareció en la entrada principal y se acercó con una sonrisa burlona en los labios.
—¿Me extrañaste mucho, Elizabeth? —bromeó Santiago, provocando una mueca de desdén en su rostro.
El retraso de Santiago se debía a que antes de bajar con ella había pasado a lavarse la boca.
—¡Ni en tus sueños!