La morgue estaba tan callada que lo único que se escuchaba era cómo todos conteníamos la respiración.
Alain, después de mirar bien, volvió a tapar el cuerpo con la sábana, con una expresión de completa locura.
—¡Esos no son mis padres!
Al oír su respuesta tan segura, sentí una tristeza que me pesó en el alma.
—¡Alain, abre los ojos de una vez! Mis suegros fueron picados muchísimo por las avispas, por eso quedaron tan mal. ¡Es normal que no los reconozcas a primera vista!
—Tu mamá todavía tiene e