Cuando escuchó lo que dijo Juliette, los labios de Alain empezaron a temblar sin control.
Así era… para llegar hasta donde estaba, había pagado un precio altísimo.
Cada noche, cuando todo quedaba en silencio, le venía a la cabeza esa infancia llena de burlas y problemas.
Los demás chicos le decían bicho raro, se le reían en la cara, lo dejaban atrás.
Y ahora que era director del instituto, esa misma gente venía a pedirle favores, a hablarle con una cortesía que le daba asco…
Todo eso alimentaba