Florence se acercó a Álex como una tormenta, su rostro retorcido de rabia, voz temblando al borde de un grito.
—¡Tú golpeaste a Señora Henny primero, idiota! ¡Le diste la excusa perfecta para venir por nosotros! ¡Todo esto comenzó por tu culpa!
Apuntó su dedo hacia el infierno rugiendo afuera, las llamas pintando su rostro en naranja violento.
—¡Mira esa mansión... quemándose hasta los cimientos! ¿Por qué nos está pasando esto? ¡Por tu culpa!
—¡Nos apuñalaron por tu culpa! Desde que entraste en