—¡Sofía! —Álex irrumpió en la habitación, su voz cortante del pánico.
—¿Qué carajo te pasó?
—¡No te acerques! —gritó ella, el terror en su voz.
—¡Si Gilbert se entera de que estás aquí, te va a matar!
Álex no se detuvo. Cruzó la habitación en segundos, los ojos ardiendo, la furia apenas contenida.
La levantó en sus brazos, sosteniéndola como algo precioso y roto, y la llevó hasta la cama.
—¡Bájame! ¡Vete, Álex! —sollozó, luchando contra él con las pocas fuerzas que le quedaban.
Su cuerpo temblab