—¡Escoria mentirosa! —explotó Rosa, arañando desesperadamente su dignidad que se desvanecía—. Acabé de salir del hospital hoy, obtuve un certificado limpio de salud, ¿y te atreves a asustarme con esta difamación inmunda?
Álex simplemente se encogió de hombros, completamente imperturbable, sus ojos brillando como acero afilado. —Como gustes, princesa. Cree lo que te ayude a dormir por las noches.
—¡Miserable insufrible! ¿Te atreves a humillarme en público?! —rugió Rosa, su voz astillándose bajo e