Sofía corrió por las calles de la ciudad, su corazón martillando dolorosamente contra sus costillas mientras se apresuraba de vuelta a la mansión Lancaster.
Una llamada telefónica había sumido su mundo en el caos: Jack y su madre, Florence, habían sido atacados viciosamente.
El pánico la carcomía mientras irrumpió por la puerta principal, la desesperación grabada en su rostro.
El mayordomo, visiblemente alterado, la encontró inmediatamente, su comportamiento usualmente sereno hecho pedazos.
—¡Se