—¿Qué?
Todos los ojos se clavaron hacia la cama, y un jadeo colectivo llenó la habitación.
Bella, cuya complexión había mostrado signos de vida meros momentos antes, ahora yacía grotescamente pálida, sangre goteando ominosamente de su nariz y boca.
Sus facciones delicadas se retorcieron de agonía, el carmesí vivido contrastando cruelmente contra su piel cenicienta.
—¿Qué demonios está pasando, Doctora Joana? —chasqueó Jericho, su voz tensa y furiosa, ojos entrecerrados en rendijas peligrosas.
Jo