Charles había declarado la guerra esta vez, decidido a humillar a Álex ante toda la familia Kingston. Se reclinó en su silla con aire altivo, dominando el ambiente como si fuera territorio propio.
—Así que, genio. —dijo Álex burlándose.
—¿Me estás diciendo que esta Lydia, la que quiso matar a Jasmine y traicionar a los Kingston, es la misma mujer que querías que dejara libre? —dijo Álex burlándose—. ¿Se te olvidó tomar las pastillas, o tienes un letrero de "se alquila" colgando en esa cabeza vac