Charles golpeó la mesa de mármol con tanta fuerza que todos en la habitación se sobresaltaron. Luego, miró a Álex con desprecio, sus labios estaban torcidos en una mueca que prácticamente apestaba a condescendencia.
—¡Déjate de tonterías! —rugió, su voz retumbó en el aire como un trueno lejano—. No te atrevas a comparar tu miserable vida de campesino con la mía. En serio, mírate bien al espejo... si es que soportas lo que ves.
Álex se reclinó en su silla, cruzando los brazos con esa tranquilidad