—La gente que juega con fuego se quemará —dijo Álex, con tono frío—. Y las personas que juegan con el miedo encontrarán que el miedo viene a llevarse su vida.
—He oído que has estado esparciendo miedo por todo Vancouver para que la gente sepa quién eres —dijo Álex, entrecerrando los ojos.
—¡No me atrevo! —tartamudeó Harlan, temblando.
—Si tan solo hubieras usado tu tiempo siendo amable y esperando a que volviera a ti, serías la persona más feliz de la Tierra —dijo Álex, posicionando su pulgar y