De repente, solo hubo silencio en el auto.
Las cuatro camionetas negras se habían alejado a toda prisa, dejando los cuerpos de sus amigos desparramados en el asfalto, y los autos circundantes, cuyos conductores habían presenciado la escena, se mantuvieron alejados, sin querer involucrarse.
—Oye, conductor —lo llamó Álex—. ¿No crees que es hora de movernos? ¿Qué estás esperando?
El conductor, que había estado disfrutando la música que acompañaba su viaje al más allá, abrió lentamente los ojos y m