Álex hizo el cálculo en su cabeza una última vez.
Si no actuaba en ese instante, perdería su única oportunidad de sobrevivir. Con un firme tirón, desplegó el paracaídas de reserva.
Sobre su cabeza, su perseguidor titubeó. Claramente, el enemigo no había esperado que tuviese un segundo paracaídas.
Atrapado en caída libre sin forma de acortar la distancia, el atacante solo pudo mirarlo con rabia, la furia abrasó su mirada, mientras Álex flotaba a salvo hacia el suelo.
Si hubiera usado el paracaída