44. La Gala Benéfica
—Mantenme al tanto. —me dice antes de irse con Gerrit, tan puntual.
Quedo sola en el apartamento, miro el reloj, falta nada para las ocho de la noche. Espero que Silvain no se tarde, aunque debo rescatar que es un obseso con la hora también. Decido bajar hasta el pórtico, no pasa ni cinco minutos cuando un flamante deportivo presume la llegada. Es él, no hace falta ponerlo en duda. En efecto dos veces suena el claxon y ya me encamino al costoso auto. Mi cara es todo un poema al ver a ese espéc