36. Calentura
Me encamino a esa estancia, dónde la oscuridad no se apiada de nadie, siquiera yo me salvo, está todo a oscuras dificultando que me mueva sin chocar con algo en mi camino, con el flash de mi teléfono logro direccionar sin dar más trastabillos. Al fin lo veo en su cama, atrapado en una dolencia que me alarma. Me acerco a su cuerpo, oculto entre las sábanas de seda, lo detecto en la fragilidad, tiene los párpados cerrados y la respiración entrecortada, se retuerce constantemente. Toco su frente y