84. RESUCITANDO AL TESTIGO
NARRADORA
—¡LEVÁNTENLA! —Flavio rugió con las alas poderosas moviéndose en el cielo.
El espíritu de su dragón descansaba en su interior, pero podía sacar sus garras, sus dientes depredadores, sus alas que desafiaban las alturas.
La inmensa roca en las profundidades al fin se quebró, dejando escapar vapores asfixiantes.
Varios esclavos cayeron desmayados por las altas temperaturas, la piel llena de ampollas…
—¡DE NUEVO!
¡BAM!
El mazo gigantesco del mecanismo subió y bajó con fuerza, u