34. REGRESANDO A LA MANADA
NARRADORA
—¡Soren, acércate! —Damon llamó al cachorro.
Sabía que tenía miedo, pero era un lobito valiente, debía aprender a adaptarse rápido en este reino cruel y salvaje.
—Agarra la lanza, empúñala en esa dirección… ¡con fuerza! —Le sujetó las manos temblorosas a la madera.
Soren sorbió los mocos y, tragándose las lágrimas, agarró la lanza como si su vida dependiera de ello.
—Si ves que nos amenaza, ataca sin compasión. Es él o nosotros, ¿entendiste?… ¡Dime sí o no, Soren!
—¡Sí, sí señor! —Sor