50. Sacrificio.
~Rowan~
Era un imbécil, definitivamente lo era. Habían pasado horas y yo seguía aquí, hundido en el asiento de este maldito auto como un acosador, sin ser capaz de bajarme y entrar a esa casa para averiguar qué demonios estaban tramando a mis espaldas.
Podía pasar que Ivette se fuera con mi tía y con Flor, la sirvienta que le seguía el trote a todos lados, ¿pero Uriel? ¿Qué carajos tenía que ver ese bastardo en todo esto? No me daba buena espina; sentía el presentimiento de que algo se traían e