5. Te vas a arrepentir

~Rowan~

Me desperté con un dolor de espalda terrible; dormir en esa cama de tablas, que crujía con cada uno de mis movimientos, había sido una tortura.

De mal humor, me di una ducha rápida y bajé al comedor para desayunar con mi abuelo. Él ya estaba allí, desmenuzando unas tostadas con parsimonia. Al ver de nuevo sobre la mesa esas mismas galletas de mantequilla con el punto rojo, no pude evitar arrugar la nariz con fastidio.

—Buenos días, hijo —me saludó sin levantar la vista—. ¿Cómo pasaste la noche?

—De mil demonios —mascullé. Una empleada colocó un plato frente a mí; al menos la comida seguía siendo tan deliciosa como recordaba.

—Quería hablarte de Ivette.

Detuve el tenedor a medio camino de mi boca.

—No me arruines la mañana, ¿quieres?

—No seas inmaduro, Rowan. Esto es serio, ella aceptó casarse contigo.

—¿Qué?

—Firmamos un contrato por un año —declaró—. Si al terminar el plazo no te has enamorado de ella, se divorcian. Pero si lo haces, se olvidarán de cualquier separación.

Su tono era tan firme que supe que no bromeaba.

—Abuelo, lamento no haberlo dicho antes, pero volví con mi ex —mentí con rapidez—. Me casaré con ella, así que cancela toda esta tontería. Te daré la familia que tanto me exiges, pero a mi manera.

—¿Qué patrañas son esas? —golpeó la mesa, estallando en cólera—. ¡De ninguna manera! ¿Cómo puedes volver con ella después de lo que te hizo? ¡No lo permitiré!

—¡Pues yo no voy a permitir que me cases con una campesina cuando amo a otra mujer! —respondí, alzando la voz.

—¡Te casas y punto! —sentenció—. Es mi última palabra, Rowan. O pasas por el altar, o le entrego la empresa a tu primo. Él no desperdiciará una oportunidad así, créeme.

Me puse en pie haciendo que la silla chirriara violentamente contra el suelo. Se me había cerrado el estómago; ya no me quedaban ganas de probar bocado.

Era un hombre adulto, acostumbrado a tomar mis propias decisiones y a mandar. ¿Cómo se atrevía ese anciano a intentar controlar mi vida?

Salí de allí hecho una furia, decidido a buscar a esa mujer para obligarla a desistir. Si ella se negaba con uñas y dientes a la boda, mi abuelo no tendría más remedio que dejarme en paz.

Le pregunté por ella a una de las empleadas, que no dejaba de devorarme con la mirada, y me mandó al área de lavandería. Allí, bajo el sol abrasador, encontré a esa enana desarrapada.

Estaba colgando unas mantas blancas en las cuerdas del patio. Llevaba puestos unos auriculares y cantaba con una voz tan desafinada como su propio aspecto.

—Oye —le puse una mano en el hombro y ella soltó un grito que casi me deja sordo.

—¡Me asustaste! —chilló—. ¿Qué demonios quieres? —se plantó frente a mí con las manos en las caderas.

—Mi abuelo me dijo que aceptaste el matrimonio.

—Sí, ¿y qué con eso?

—¿Todavía lo preguntas? —apreté la mandíbula—. Ve ahora mismo y dile que no te quieres casar, que cancelas todo. Porque, en lo que a mí respecta, no pienso casarme contigo.

—Pues te aguantas, porque no diré nada. Acepté porque quise y porque me beneficia, ¿cómo la ves?

—¿Es por dinero? Bien, puedo firmarte un cheque ahora mismo.

—No quiero tu cochino dinero

—¿Pero el de mi abuelo sí? —gruñí, acercándome a ella—. Son amantes, ¿verdad? ¿Por qué no te casas con él y ya?

La bofetada que me asestó fue tan rápida que me obligó a girar el rostro. Me dejó la mejilla ardiendo.

—¡No vuelvas a insinuar algo así! —me gritó fuera de sí—. ¡El patrón es como un padre para mí! ¿Qué te pasa? ¡Degenerado!

La miré atónito, con la sangre hirviendo y unas ganas inmensas de devolverle el golpe, contenidas solo por mi orgullo de caballero.

—No te atrevas a volver a levantarme la mano —amenacé entre dientes—. Ten claro cuál es tu lugar, lavandera. Sigo siendo el nieto del dueño y tú no eres nadie.

—Si quieres el respeto que dices merecer, gánatelo. No voy a permitir que me insultes y manches mi dignidad solo por una pataleta —escupió—. No me caso porque me guste ver tu cara de plástico, muñequito. La vida de mi madre depende de esto y si tengo que soportarte un año entero, lo haré. ¿Entiendes? Ahora déjame en paz; no voy a cancelar nada.

—Vas a arrepentirte de no haber desistido.

—Métete tus amenazas por donde mejor te quepan. Que te aproveche.

Regresé a mi habitación destilando rabia, caminando de un lado a otro como un león enjaulado. Odiaba a esa mujer; de verdad la odiaba.

Era una insolente y una engreída; tenía que enseñarle cuál era su lugar.

Estuve a punto de llamar a mi madre para que me sacara del lío en el que me había metido al enviarme a este lugar, pero entonces recordé las palabras de mi abuelo.

«Un año». Solo sería un año de matrimonio. Como estaba claro que, por nada del mundo, me enamoraría de esa muerta de hambre, el divorcio estaba asegurado al cumplirse el plazo.

Visto así, no era un plan tan desastroso. Podía soportar la humillación durante ese tiempo; al menos no serían tres o cuatro años.

«Haz este pequeño sacrificio», me dije a mí mismo para recuperar la calma. Salí de la habitación decidido a buscar a mi abuelo y firmar el maldito contrato de una vez por todas. Sin embargo, al entrar en su cuarto, la sangre se me heló al encontrarlo tirado en el suelo, inconsciente junto a su cama.

—¡Abuelo! —corrí hacia él y le tomé el pulso de inmediato; seguía vivo—. ¡Llamen al médico, rápido! —grité a pleno pulmón.

Haciendo gala de toda mi fuerza, lo levanté y lo acomodé sobre la cama. Su respiración era errática y demasiado rápida, pero parecía estar recuperando la consciencia poco a poco.

Era su presión arterial, maldición.

—¿Patrón? —Ivette fue quien entró corriendo a la habitación antes que el médico de cabecera—. ¿Qué ha pasado con...?

—¡Fuera de aquí! —le rugí sin dejar de atender a mi abuelo—. ¡Lárgate, no tienes nada que hacer en este lugar! ¡Muévete!

Su abuela tuvo que llevársela a la fuerza, porque ella seguía empeñada en meter las narices donde no debía, como si realmente fuera parte de la familia.

Lo peor de todo era saber que tendría que soportarla durante doce malditos meses; sería una auténtica tortura. Pero antes de que se cumpla el año, ella le rogará de rodillas a mi abuelo el divorcio. De eso me encargaría yo personalmente.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Jessika ParraEste año va a ser muy interesante
Dalgis Navarroestá enfermo el abuelo
Dalgis Navarroñerda que le paso al viejo
Dalgis Navarroque bueno que le volteo la quijada rata esa de Rowan
Valeria Guadalupe JMJaja ya veremos quien cae primero y algo me dice que será el rowan
Valeria Guadalupe JMPobre viejito espero y este bien
Valeria Guadalupe JMBien merecida esa cachetada!
Valeria Guadalupe JMNomames esta enfermo pa jajaja como van a ser amantes. ...
Yamile EscobedoRowan tendrá que casarse a fuerza sin no quiere perder el lugar y privilegios de la familia ...
Yamile EscobedoQue le pasaría el abuelo
Stefani Maria Canelon VelasquezJum, Rowan me mocho una teta que el que estará de rodillas serás tú, Pero para que no te dije
Stefani Maria Canelon VelasquezAy, que le pasó al viejo?
Stefani Maria Canelon VelasquezToma bebé un ultimátum
yoselis torresgracias Nicol maravilloso capitulo
yoselis torresque no muera el viejo y que los cases
yoselis torresel abuelo ya dió un ultimátum te casas O pierdes todo
yoselis torresRowan te vas a tragar tús palabras
chely ortegaRowan es el q va pedir q no se divorcie por hablador
Escanea el código para leer en la APP