Dos días después
Dos días duros, de planes que no podían fallar, los abogados de ambos apresuraban la audiencia, Heriberto con la intención de escapar de ese lugar si no podían probar su inocencia.
David, para acabar con todo de una vez, poder ver a su mujer y a su madre, que Ester tuviera en Italia, lo tenía asustado, desesperado, angustiado, eso tenía a Heriberto feliz, aunque no estuviese enterado del motivo.
—¿Asustado Carusso? —se burló Gómez.
—Estás feliz, ¿no me digas que tienes p