CAPÍTULO 259 — Donde el Amor se Permite Caer
Y ahí lo vi.
Lo vi quebrarse.
No con llanto.
Con esa forma masculina de romperse que es más silenciosa y, a veces, más dura: un suspiro demasiado largo, la mirada que se baja, los hombros que caen como si recién entonces pudieran dejar de sostenerlo todo.
—No, mi amor, nunca… Estuve internado todo el día —dijo.
El mundo se me quedó quieto.
—¿Cómo que te internaron? —pregunté, sintiendo que la sangre se me iba a los pies—. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por