CAPÍTULO 249— Donde la familia se agranda y el hogar se ilumina
(Punto de vista de Ayden Castell)
La tarde llegó despacito, tibia, como si supiera que ese día tenía que tratarse con delicadeza. Apenas terminó la jornada —mucho más temprano de lo habitual, porque yo no pensaba dejar a Milagros en la oficina ni un minuto más— la llevé del brazo hasta el auto y nos dirigimos a la casa de mis abuelos Castell.
—Ayden… me gusta que me cuides, pero sos pesado —dijo ella riéndose—. No me canses, por