Capitulo — Antes del Contrato
Milagros llegó a su casa pasada la medianoche. Cerró la puerta despacio, sin prender la luz, como si el silencio fuera la única forma de entender lo que acababa de vivir.
Se sacó los zapatos y caminó directo hacia el ventanal. El Río de la Plata estaba oscuro, inmenso, inquieto. Igual que ella.
Se sirvió una copa de vino tinto. Un sorbo profundo. Otro más lento.
Se pasó la mano por el rostro y dejó escapar un suspiro que parecía contener diez años enteros.