Por Gonzalo
Salgo de la operación y estaba realmente agotado, cuando recordé que tenía que ver a Abigail, ya no sentí más cansancio, apuré mis pasos, para llegar rápido a mi consultorio.
Ella me estaba esperando en la sala de estar, cuando me vé, me sonrió para saludarme y yo disimulé esa calidez que sentí al mirarla.
-Hola Aby.
-Buenas tardes, doctor.
La dejé pasar primero, poniendo una mano en su espalda, para cederle el paso.
Me alejé inmediatamente, no sé qué me pasa cuando veo a Aby
Revis