Por Gonzalo
Se estaba por vestir, pero yo, que me convertí en un depravado, quería verla unos minutos más.
-Permíteme escucharte con el estetoscopio, así ya te doy el alta definitiva.
La escuché por la espalda, mientras le recorría con mi mirada todo su cuerpo.
Tenía razón cuando pensaba que su cola era perfecta, no quería que mis manos me traicionen enterrándose en su intimidad, la hice girar y le escuché el corazón, poniendo en su pecho, el estetoscopio.
La rozé, inocentemente y con la mirad