La mañana abrió soleada, radiante y brillante, los rayos de luz se colaban a través de las cortinas color crema de la habitación, sobrecalentando la piel de la mujer que yacía a medio cubrir en la cama.
-Ann, ¿Ya estas despierta?- Preguntaron desde la puerta –Me gustaría hablar contigo un momento, por favor-
Ann estiró su cuerpo con el suave llamado que venía de detrás de la puerta, notaba en el tono de voz que respetaban su sueño, pero a la vez logró percibir la urgencia implícita en su tono.