Tres semanas después del nacimiento de Elena, Adriano le hizo la pregunta.
No con ceremonia. No en un momento diseñado para la ocasión. Fue un martes por la tarde mientras Renata revisaba el cuaderno de Cordova en la mesa del ángulo noreste y Elena dormía en la cuna de la segunda habitación y el sol de octubre de Vancouver hacía su último intento serio antes de que noviembre llegara con sus nubes comprometidas.
Adriano se sentó frente a ella en la mesa.
Sin portátil. Sin teléfono. Solo.
Renata