Los dos edificios de tapia pisada estaban en La Macarena. No en el corazón histórico colonial donde estaba La Candelaria sino en el barrio que colinda con el cerro, donde los edificios del primer tercio del siglo veinte convivían con locales de arte y cafeterías que habían aprendido a instalarse junto a lo que ya existía sin destruirlo del todo. Renata llegó el miércoles a las ocho de la mañana con el cuaderno de campo, la cámara, el medidor de fisuras, y a Elena en el portabebés porque Adriano