Elena mordía la almohada debajo de ella conteniendo los gemidos que salían de su boca. Le había pedido a Dorian que no la penetrara, pero se había olvidado que él era muy bueno teniendo sexo, y solo con rozarse contra ella entre sus muslos era suficiente para tenerla temblando debajo de él.
El cuerpo de él se presionaba contra su espalda donde caían besos desesperados. El aliento de él se sentía caliente. Las caderas de él golpeaban sus nalgas una y otra vez. El interior de sus muslos se sentía