Dorian se sentía estúpido. Cuánto tiempo había perdido pensando en otras posibilidades y en la más fácil no le había pasado por la mente. En ese momento cada segundo era primordial. La seguridad de Elena estaba colgando de un hilo, y no solo de ella.
-Ah, demonios- maldijo dejando caer su rostro entre sus manos. Se sentía tan frustrado con aquello y aunque estaban ya en el helicóptero en dirección a la isla no podía quitarse de la cabeza que a Elena le pudiera pasar algo.
-Es mejor que se calme