Cuando Elena abrió sus ojos encontró que su mente estaba mucho más despejada de lo que imaginó. No se sentía atareada como el día anterior y una sonrisa apareció en sus labios. Quizás era porque antes de dormirse por completo había tomado una decisión. Una de la que sabía no se arrepentiría.
Así que después de estirarse y desperezarse decidió volver a la mansión de su esposo. Había tenido su celular apagado todo el tiempo. No era idiota para no saber que por él podría encontrarla, al igual que