Sueños destruidos.
Darla llegó al cobertizo y encontró a su hija acostada en la hamaca, tomando un sorbo de un batido verde mientras movía el teléfono haciendo malabares.
—¿Qué estás haciendo aquí sola? —inquirió mientras se sentaba a su lado.
— Estaba descansando un poco, estar aquí sin nada que hacer me cansa más que cuando estaba en Francia estudiando a todas horas.
—Deberías hacer nuevas amistades, hace varios años que te fuiste del país y perdiste la comunicación con todas tus amigas.
—No las perdí mamá, s