Los mentirosos nunca dicen la verdad.
Darla se sentía nerviosa mientras se dirigía hacia el restaurante, por el hecho de que claramente sabía que Judith no quería era verla, y menos para que le fuera hablar sobre Dylan, pero como madre que se siente llena de culpa y suegra que la quiere muchísimo, sentía que era su deber intervenir antes de que ella cometiera un error irreparable.
Cuando Darla llegó al restaurante, se acercó al encargado y el hombre se alejó, realizó una llamada y al regresar le informó:
—Hola, buenas tardes. Soy