Firma negada.
Judith que había escuchado el escándalo, decidió intervenir personalmente para solucionar el problema.
En cuanto llegó a la mesa se quedó estática al reconocer que aquellos clientes alborotadores son precisamente las personas que menos quería ver en un momento como este; sin embargo, respiró profundo, y aunque estaba impactada y muy molesta, optó por fingir que no le importaba que ambos estuvieran en su restaurante.
—Disculpen las molestias, señores. ¿En qué puedo ayudarles?
A pesar de la mas