Las palabras de Paulina eran como clavos que se hundían profundamente en el corazón de Jared. Masticaba una y otra vez aquella posibilidad: ¿Acaso Eva, esa mujer siempre sumisa y hasta cierto punto ordinaria, tendría el valor de orquestar semejante drama? ¿Sería capaz de crucificarlo como un "villano sin entrañas" solo para encubrir la existencia de otro hombre?
—Es para llamar mi atención, tiene que ser eso —gruñó él, con los nudillos blanqueando por la fuerza de su puño cerrado. Durante estos