Capítulo 75

Aquella tarde, la oficina comenzaba a quedarse vacía. La jornada laboral estaba por terminar y la mayoría de los empleados ya se apresuraba a marcharse. Lilian seguía sentada en su escritorio, ordenando unos documentos y acomodando el cuaderno de bocetos que había utilizado.

Acababa de cerrar el portátil cuando alguien llamó a la puerta de su despacho.

—Con permiso, señora Lilian… —la voz de un conserje sonó respetuosa.

Lilian levantó la mirada.

—¿Sí? ¿Qué
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