Lilian tomó de la mano a Gabriel con fuerza mientras caminaban por la acera de la ciudad. El aire de la mañana todavía estaba fresco y el sol no era demasiado intenso. En las paredes y postes de luz a lo largo de la calle había varios anuncios de empleo pegados. Lilian miró a ambos lados con ojos alerta.
—Gabriel, no te sueltes de la mano de mamá, ¿vale? —dijo Lilian en voz baja.
El niño asintió y caminó observando a las personas que pasaban.