Lilian miró la pantalla del móvil sin parpadear. Sus manos aún temblaban. El aliento le faltaba.
Con movimientos torpes y nerviosos, pulsó el botón de llamada. Segundos después sonó el tono de llamada.
—¿Hola? —la voz de Carlos sonó fría desde el otro lado.
—¿¡Qué demonios es esto, Carlos?! ¿Demandar la custodia de Gabriel? ¿Estás loco? —contestó Lilian con voz temblorosa.
—Solo estoy tomando una decisión lógica —resp