Lucien rodeó la cintura de Margaret con calma y seguridad, como si nada hubiera ocurrido minutos antes. Su gesto fue tan natural, tan propio de él, que cualquiera podría haber creído que seguían siendo ese matrimonio perfecto que todos admiraban. Ella, sin embargo, sintió cómo el contacto le erizaba la piel. Cada movimiento suyo la hacía perder un poco más del control que le quedaba.
Caminaron hacia el coche bajo la mirada atenta de varios invitados. El chófer se adelantó al verlos, abriendo la