Isadora la abrazó con fuerza, y en sus brazos, Margaret sintió por un instante la calidez que tanto había echado de menos. Pero cuando su amiga se apartó, mostró compasión en sus ojos, y negó con la cabeza.
—Supe lo del divorcio —dijo Isadora en voz baja, con un dejo de tristeza.
Margaret sonrió apenas, procurando mantener la compostura.
—Sí… —respondió con serenidad fingida—. Supongo que fue lo mejor.
Isadora la observó con melancolía. Margaret evitó su mirada, temerosa de que el más leve co