La invitación a la celebración que Adrien tenía planeada llegó dos días después, impecable, elegante, imposible de ignorar.
Margaret la encontró sobre la mesa del comedor, dentro de un sobre grueso, con el sello de Adrien grabado en relieve. No necesitó abrirla para saber de qué se trataba. Aun así, lo hizo. Leyó cada línea con atención, le parecía increíble que él estaba dando una fiesta solamente para ella, o más bien para festejarla.
Lucien la observaba desde la puerta, con los brazos cruz