Rebeca condujo directo a la empresa; lo único que quería era firmar lo que faltaba y no volver a saber de ese lugar nunca más.
Al llegar al estacionamiento y subir por el ascensor, se le vinieron varios pensamientos a la cabeza, uno más desastroso que el otro.
Pensó en los chismes infames que levantaría el imbécil del señor Harrison entre sus antiguos compañeros.
Pero nada le roba más la paz que saber que esa tarde iniciarían con las quimioterapias.
Al llegar al piso cinco, fue deprisa al área