—Piensa de una vez en lo que sea mejor para la niña.
Esa oración fue lo que terminó por hacerla perder el control por completo.
—De verdad que eres un imbécil —escupió las palabras sin contener el asco en la mirada—. ¿Qué crees que he hecho todos estos años? ¿Piensas que he buscado mi propia comodidad? Tengo que soportar tu presencia solo por amar a mi hija. Así que…
—¿De verdad crees que eres la única que está inconforme? Yo también tengo que soportarte por puro amor a mi hija. Crees que re